El Rey emérito, Juan Carlos, le ha cogido gustillo a la fórmula de pedir perdón poniendo cara de pena y de nuevo prepara una comparecencia pública, para repetir las mismas palabras que ya dijo cuando se fue con la escopetilla a matar elefantes a África.

Como a todo buen campechano que se precie, Juancar, como le gusta que le llamen, no entiende de esas cosas de leyes y dineros. Lo cual lo exime de responsabilidades, porque como todo el mundo sabe, los campechanos son buenos por naturaleza y cuando se equivocan lo hacen sin maldad ninguna.



De este modo la Casa Real espera dar carpetazo a este nuevo “caso aislado” de escándalo relacionado con el Emérito y la Casa Real en general y, pasar página como ya hiciera con lo del Marichalar ese, del que ya nadie se acuerda, el elefante cadáver, o el Urdangarin aquel, que se hartaba de robar pero sin que nadie de su entorno se enterara de nada.