Juan Carlos I, “el campechano”, el mago de la transición y el amigo de los niños se ha marcado el sinpa más currado de la historia.

Como si de un turista caliente por haber pedido la cuenta varias veces sin ser atendido se tratara, el Emérito ha puesto pies en polvorosa haciendo como que se iba al cuarto de baño para salir corriendo por el callejón de detrás.



Durante la mañana de hoy se le ha podido ver metiendo en su yate “El Bribón” unos sacos sospechosos con el símbolo del dolar mientras miraba nervioso para todos lados con cara de enmarronado.

Aunque ya ha recibido ofertas, como la de Nicolás Maduro o los elefantes de Botswana, parece que Juan Carlos aun no ha decidido su destino final.

Sea como sea, parece que el periplo del ex monarca en el país del que fue rey, ha llegado a su fin y serán otros los que en adelante disfruten de sus caídas, sus disculpas forzadas y sus escapadas en moto.