El karma se ha cebado en esta ocasión con aquellas personas que cuidan poco o nada su higiene bucal, en forma de bozal que impide la salida de vapores o que más bien dirige estos directamente hacia nuestras propias narices.

Es el caso de Margarita Litosis Fuerte, una compañera de esta misma redacción que así nos ha narrado su calvario en esta época de Nueva Normalidad, donde el Gobierno ha decretado como obligatorio el uso de mascarillas.



“Yo siempre he percibido un olorcillo un poco desagradable por las mañanas, y siempre me he preguntado si sería la basura de la noche anterior, o algo podrido entre los asientos, o algún compañero de aquí del trabajo que no se lava demasiado”, “pero el uso de la mascarilla me ha abierto los ojos”, “me canta el aliento por bulerías que da gusto”.

Pues si Margarita, todos lo sentimos mucho por ti, pero al mismo tiempo nos alegramos mucho por nosotros.