El hecho tuvo lugar la pasada noche en un cruce de una carretera de Burgos, cuando el agente Pelaez, muy educadamente, le pidió a la señora Verónica Lentorra, con evidentes síntomas de embriaguez, que soplara por el pitorro del aparato que mide el alcohol en sangre de los conductores.

La chica, que venia de llevar horas dándole al gin tonic, agarro con ambas manos el alcoholímetro mientras miraba muy sugerentemente al agente y le murmuró, ¿quiere que le mire a los ojos mientras se lo chupo?, para acto seguido empezar a reírse a carcajadas.



El agente Pelaez, conocido en el cuerpo por tener más mala leche que un gato pisado, no se tomo muy bien la “broma” de la chica y tras comprobar que efectivamente estaba borracha, decidió multarla por borracha y por graciosa, o más bien por desacato.

Hemos conseguido entrevistar a la señorita Verónica Lentorra que algo avergonzada nos ha contado lo siguiente:

“Que vergüenza”, “ahora lo pienso y no se porque lo dije”, “la verdad que soplar, soplar, llevaba toda la noche soplando”, “empezamos con la cervecita, luego las copitas y terminamos haciendo mezclas con los culos del mueble bar”, “joder que resaca tengo”.